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Recordando a Luís Figueroa Yábar

Posteado en Arte,Cusco por cvenero el 19 Marzo, 2012.

En la madrugada | del domingo 18 de marzo en la ciudad de Lima, falleció el realizador cusqueño Luís Figueroa Yábar, un personaje fundamental para entender el cine andino y la corriente indigenista peruana del siglo XX. En noviembre del 2004, el escritor Luis Nieto Degregori le hizo una breve semblanza a Luís Figueroa para la revista Parlante (Nro. 82) que compartimos nuevamente con todos ustedes. Hasta siempre, “Don Luchito”.

 Luis Figueroa Yábar

Retrato de un artista

 Luis Nieto Degregori

 Cuando en  julio de1961 se estrenó “Kukuli”, un largometraje realizado por un grupo de cineastas agrupados en el Cine Club Cusco, los más importantes críticos del país y del extranjero saludaron la aparición de una película que marcaba el verdadero inicio del cine nacional. “Kukuli” era la primera cinta de ficción que dirigía Luis Figueroa y fue la primera piedra también de una obra que ha dejado profunda huella en la cinematografía peruana. A continuación presentamos lo que el cineasta cusqueño ha contado a Parlante sobre su vida y su obra.

“Soy un sobreviviente de una especie en peligro de extinción”, es una de las primeras cosas que dice Luis Figueroa, haciendo alusión a la muerte de los entrañables amigos que trabajaron junto con él en la realización de “Kukuli”, como Eulogio Nishiyama, el director de fotografía, y César Villanueva, el director de producción.

Quizás a manera de homenaje a estos y otros artistas que conformaron el Cine Club Cusco, como los hermanos Manuel y Víctor Chambi, Figueroa insiste en que su labor de cineasta se enmarcaba dentro de un movimiento cultural mayor que cobró vida en nuestra ciudad allá

  •   Robert Newhouse Jersey
  • por finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Como uno de los episodios importantes de este movimiento, recuerda, por ejemplo, la creación del Teatro Popular, que, bajo la dirección de Emilio Galli, montó con enorme éxito el drama “Túpac Amaru” del argentino Oswaldo Dragún, o la labor que un grupo de artistas, entre músicos, escritores y poetas, realizaba mediante las ondas de Radio Universidad.

    Nacimiento de una vocación

    Obligado por nuestras preguntas a entrar a un plano más personal, Figueroa recuerda que creció en la familia de un artista pues su padre fue el pintor y fotógrafo Juan Manuel Figueroa Aznar, uno de

  • Rico Gathers Jersey
  • los pioneros de la Escuela de Fotografía Cusqueña. “De niño siempre estaba al pie del caballete de mi padre y después estudié en la Escuela Nacional de Bellas de Artes de Lima”, recuerda esa etapa de su vida el cineasta.

    Antes de tomar en las manos una filmadora, Figueroa se apasionó por la fotografía. Esto ocurrió cuando trabajaba para la Corporación de Reconstrucción y Fomento del Cusco en la restauración y conservación de obras de arte tras el terremoto que asoló nuestra ciudad en 1950. Este equipo estaba conformado también  por los pintores Alberto Quintanilla y Justo Béjar, quienes más tarde ganarían gran reconocimiento, esto a pesar del prematuro fallecimiento del segundo.

    El paso de la fotografía al cine, cuenta Figueroa, fue casi natural. La primera cámara filmadora profesional que tuvo en las manos pertenecía a un amigo de colegio que la había comprado para perennizar acontecimientos familiares. El futuro cineasta le dio otro uso e hizo con ese aparato su primer documental, “Rostros y piedras”, de apenas cinco minutos de duración. El cineasta rodó esa cinta en 1956 y desde entonces nunca más se apartó del cine.

    La obra

    “Los perros hambrientos”, adaptación de la novela del mismo nombre del escritor Ciro Alegría, fue el segundo largometraje de ficción de Luis Figueroa. Antes, para realizar la película, había fundado la productora Pukara Cine con María Barea, quien fuera esposa del cineasta. La película fue filmada en 1976 en la comunidad de Pariamarca, en el departamento de Cajamarca, y el elenco estuvo conformado por artistas pertenecientes a la Asociación de Actores de la ciudad de Cajamarca.  El cineasta cusqueño presentó su película en el Festival de Cine de Biarritz, en Francia,  y recibió un premio que significó el espaldarazo de la crítica internacional.

    Otro ambicioso trabajo fue la adaptación cinematográfica de “Yawar fiesta”, novela del escritor José María Arguedas. Dos años, entre 1978 y 1979, se trabajó en el rodaje de la película y luego el material fue procesado y montado en París en

    1982. “Yawar fiesta” se rodó en Cusco y contó, como en el caso de “Kukuli”, con la dirección de fotografía de Eulogio Nishiyama y con la participación de numerosos artistas cusqueños, entre ellos el charanguista Julio Benavente.

    Un buen número de documentales en cine y en video completan la obra del director de cine. Entre los más recientes destacan “Corpus Christi en el Cusco” y ”Mamita Candelaria”, sobre las fiestas más importantes de nuestra ciudad y de Puno respectivamente; “Rituales guerreros”, sobre las batalles rituales que se realizan en el mes de enero en las provincias de Canas y Canchis, y “Toro Pukllay”, sobre la famosa corrida con cóndor que todavía se realiza en algunos lugares de la sierra peruana.

    El reconocimiento

    No hay mejor reconocimiento para la obra de un cineasta que el aplauso del público, el elogio de la crítica y la proyección de sus películas en importantes festivales internacionales de cine. Todo eso ha tenido y tiene Luis Figueroa.

    ¿Aplauso del público? “Kukuli” fue seguramente la película más vista por toda una generación de cusqueños y lo seguiría siendo sin duda si no fuera porque los originales de la película se quemaron en un incendio que hubo en 1970 en los laboratorios Alex, de Buenos Aires, donde fueron procesados todos los materiales de imagen y sonido de la cinta.

    ¿Aceptación de la crítica? El reconocido escritor Sebastián Salazar Bondi, que escribía en las páginas del diario El Comercio de Lima, dijo lo siguiente de “Kukuli”: “Es una realización de primera clase. Me complazco en afirmarlo antes, tal vez, de las ponderaciones que de ese poema cinematográfico se harán fuera de nuestras fronteras”. Y el crítico no se equivocaba pues al poco tiempo, desde Francia, Georges Sadoul, un estudioso del cine de prestigio mundial, anunciaba a los cuatro vientos los logros de una Escuela Cusqueña de Cine, refiriéndose al trabajo de Figueroa y al de Manuel Chambi.

    ¿Presencia en festivales? Además de los premios que recibió en el Festival de Biarritz por “Los perros hambrientos” y “Yawar fiesta”, Figueroa ha paseado su obra por festivales tan importantes como los de Karlovy Vary en Checoslovaquia, Leipzig y Oberhausen en Alemania y Pésaro en Italia. Además, retrospectivas de la obra del cineasta cusqueño se han realizado en años recientes en el Encuentro de Cine Latinoamericano de Lima y en un conjunto de universidades de los Estados Unidos, como la de Harvard y la John Hopkins de Baltimore.

    Curiosamente, sin embargo, cuando se le pregunta a Figueroa cuál es la principal satisfacción que le han dado sus películas, él responde que presentarlas en los lugares donde fueron filmadas y a las personas que en cierto modo fueron sus protagonistas. Recuerda así que “Los perros hambrientos” tuvo que ser presentada tres días seguidos en la comunidad de Pariamarca pues los comuneros simplemente no se cansaban de verla y de celebrar cada detalle.

    Autorretrato

    Tras todo lo conversado, le pedimos al cineasta de setentitantos años, pero de una juventud de espíritu que muchos envidiarían, que nos brinde algunos elementos más para completar su retrato y estos son los trazos que añade. “He plantado árboles donde anidan torcazas —empieza—. Tengo dos hijas maravillosas, Mila y Dina, libres como el viento de las montañas. El Cusco es mi casa y la plaza es mi salón, en el que recibo a los amigos de acá y de todas partes.” Al escuchar esto último le preguntamos qué significa para él el Cusco, y nos responde: “Es el centro espiritual del mundo andino, de todos esos territorios que conformaban un solo espacio en la época prehispánica y que luego se dividieron artificialmente en países”.

    Cusco, noviembre del 2004 (revista Parlante Nro. 84)

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    Fotografía (octubre 2011): César Alberto Venero Torres

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